Bienvenidos a mi espacio... una suerte de rincón donde dejaré colgados los delirios mágicos de mis noches de insomnios y duermevelas. Un espacio de encuentro y exorcismo, desahogo y reivindicación, el rincón catártico para liberar el alma. Una excusa para escribirme y redimensionarme. Una oportunidad para compartir lo que me gusta y disgusta del mundo...Un pasatiempo que no espera pasar del tiempo sino construirlo como una memoria.

Datos personales

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Una frase que me define, "milito en la esperanza, no en la nostalgia" Me gusta el mar y sus atardeceres, un buen libro, una copa de vino. Me gustan mis hijos y disfrutar de mis nietos y sus vidas luminosas... Me gusta vivir.

Entre poemas te veas...

El silencio del mar
brama un juicio infinito
más concentrado que el de un cántaro
más implacable que dos gotas

ya acerque el horizonte o nos entregue
la muerte azul de las medusas
nuestras sospechas no lo dejan

el mar escucha como un sordo
es insensible como un dios
y sobrevive a los sobrevivientes

nunca sabré que espero de él
ni que conjuro deja en mis tobillos
pero cuando estos ojos se hartan de baldosas
y esperan entre el llano y las colinas
o en calles que se cierran en más calles
entonces sí me siento náufrago y sólo el mar puede
salvarme.

(Mario Benedetti)

viernes 6 de noviembre de 2009

¡Estoy en Venezuela!

¡Hola a todos! Tengo seis días en Venezuela y ello me hace feliz. Me he reencontrado con amigos, bebidas y comidas. Y los he disfrutado a todos. De la lista que preparé para comer y beber he ido probando casi todo, pasito a pasito, sorbo a sorbo. Y es un verdadero milagro la sensación que se experimenta. ¡ay, los aromas, los colores, los sabores, el regusto que me queda en el paladar! Sólo dejando tanto tiempo sin probar esas cosas es cuando te das cuenta de la importancia que tienen para tu día a día. Son nostalgias. Son añoranzas. Son deseos incumplidos los que se te van acumulando y que de pronto sueltas y dejas galopar, cuando te reencuentras con todo esto. Y los amigos. De pronto los ves, te reúnes con ellos y los sientes allí, cerquita. Y sabes que el cariño está intacto. Que es como si te hubieras ido ayer. Las vivencias siguen siendo las mismas. Y surgen los recuerdos. Y te vuelves a alegrar con los momentos vividos que te hicieron reir hace años. Y te queda un gusto agridulce. Porque sabes que vuelves a irte. Que vuelven a quedarse. Y una vez más te percatas de que tu vida es y será una peremne escisión entre lo que dejas aquí y los que tienes allá. Una permanente dicotomía en la que prefieres no pensar para disfrutar el tiempo que te queda.

miércoles 7 de octubre de 2009


Se fue Mercedes Sosa. Se nos fue La Negra con su voz potente y su corazón inmenso, como el bombo que la acompañaba. Con su rostro ancho y su sonrisa dulce. Se fue. Nos dejó cientos de canciones, miles de recuerdos y muchísimas lecciones de vida. De dignidad. De decoro. De pueblo. Se fue Mercedes, como se han ido casi todos los iconos de mi juventud. Mis referentes, los sustentadores de mis sueños libertarios. Siento que me quedan muy pocos ya: Silvio, Galeano... y pocos más. Podría decirme: eso tiene que ocurrir y aunque mueran, mis sueños siguen intactos y ellos y otros continuarán allí, ayudándome, levantándome cuando decaigo, insuflándome fuerzas para continuar. Pero el dejo de nostalgia y el poso de tristeza que se anida en el corazón cada vez que uno de ellos ha partido es grande. La verdad es que cuando se van duele. Lo cierto es que se van y nos queda una sensación de orfandad. Una partecita de uno se va con ellos. Es toda una historia vivida al amparo de sus libros, de sus discos, de sus poemas, de su recorrido vital que aflora y nos hace mirar hacia atrás y nos proyecta de golpe hacia adelante, hacia lo que nos queda.

Ayer se fue Benedetti. Esta vez Mercedes. Y nos decimos que no es justo. Que aún tenía mucho que decirnos. Mucho que darnos. Mucho que cantarnos. Mucho que enseñarnos. Pero en fin, se nos fue y hoy sólo nos quedan las lágrimas y el silencio. Y evocar sus canciones y decir ¡gracias a la vida que nos dió la oportunidad de verla, de escucharla, de admirarla, de amarla! Pero qué va... lo que nos sale decir es ¡qué canalla es la muerte!

domingo 30 de agosto de 2009

Los muertos los ponen los pueblos

Definitivamente, el mundo y sus vueltas te impone sus ritmos. La vida y sus acontecimientos pasan y quisiéramos asirlos, para meter algunos de ellos en el bolsillo o en el sombrero y hacerlos desaparecer, como ese mago, Copperfield, que nos hizo perder de vista el Golden Gate en una noche estrellada. Pero no, no somos magos y la fuerza de la realidad nos arropa y nos ametralla el espíritu. Ahí están, diciéndonos que el espacio para el combate y para la utopía se estrecha. En Honduras, estableciendo la fuerza y el dolor. En Perú y en Chile, imponiéndose a sangre y fuego contra los indígenas que reclaman derechos ancestrales e inalienables. En Venezuela, actuando de manera vil y rastrera, aliándose con las fuerzas más oscuras y utiizando la falacia y la mentira como arma arrojadiza. Muy cerca, en Colombia, enfilando sus misiles hacia ese trozo de América libre, intentando pulverizar el sueño de una patria soberana, solidaria, adalid de la integración y de la inclusión. Ahí están. Son los oligarcas de siempre. Los que se han alimentado de la sangre y los huesos de los pueblos. Mientras Zelaya recorre América buscando apoyos y compromisos, los de siempre hacen su trabajo. Un trabajo vil, de zapa, una acción ladina, que parezca solidaria, que parezca comprometida, pero que no busca nada que no sea el que las cosas queden como están. Y sin darnos cuenta, hemos caído en su juego. Hemos aceptado su intervención sabiendo que no es más que una salida a ninguna parte. Hemos permitido que ese Señor Arias, que sólo unos meses antes había dicho en la OEA que los latinoamericanos éramos unos llorones que le echábamos la culpa de todo a los Estados Unidos, actuara como "mediador" en Honduras y le diera beligerancia al golpista presidente de facto.
Mientras tanto, los de siempre, se han colado en Colombia para amedrentarnos primero y atacarnos después. Ahí están. Allí seguirán. Vientos de guerra soplan en Latinoamérica, alertó el Presidente Chávez. Todos (o casi) están conscientes de la gravedad de la situación. Pero una vez más, la tibieza disfrazada de templanza actúa como catalizador de la realidad. Todos lo saben pero sólo los directamente afectados han sido capaces de hablar claro y contundentemente. Con datos. Con cifras y con hechos incontestables que desmontan el parapeto colombiano. Yo espero que el mensaje de solidaridad e integración de estos diez años haya calado de verdad en los dirigentes de los pueblos hermanos. Porque en los pueblos sí llegó para quedarse. Y a fin de cuentas, son los pueblos los que hablan. Pero también son ellos quiénes ponen los muertos.

martes 21 de julio de 2009

Pues nada, que tengo abandonado este blog entre otras razones por el trabajo. Pero también por el calor, que por estos lares está achicharrante. Y por un poco de dejadez, habrá que admitirlo. El punto es que lo retomo hoy por unas noticias que chirrían en mis oídos. En España, dos niñas de trece años , en localidades distintas y en madrugadas diferentes han sido violadas por varios niños entre los cuales, algunos hay de trece años como ellas y otros un poco mayores. Y brota la rabia. Y la desazón. Y el terror. Y estupor. Surgen enseguida, por supuesto, los vociferantes que reclaman mayores sanciones, penas mayúsculas, subir la imputabilidad, modificar el Código Penal, juzgarlos como adultos. En fin, mil opiniones que concluyen todas en el simplismo más absoluto: hay que vender el sofá.
Sin embargo, caben algunas reflexiones. Los hechos ocurrieron de madrugada. Los hechos se sucedieron en el marco de las fiestas de ambos pueblos. Y en ambos participó un mayor de edad. A todas éstas, uno se pregunta ¿Y dónde estaban los padres de esos chicos y de esas chicas? ¿Cómo es que niños -porque no hay que olvidarlo: son niños, aunque hayan cometido un hecho abominable - hayan estado por su cuenta hasta altas horas de la madrugada en fiestas en las que se bebe, se fuma, se consumen drogas, sin un padre, sin una madre , sin un hermano lo suficientemente mayor que les cuide, que les ayude y que les frene? ¿A quién hay que enjuiciar: a esos niños que no tienen referentes, a quienes con toda seguridad no se les han inculcado valores tan elementales como el respeto, la obediencia y la disciplina, o a sus padres que no han cumplido con su deber de formarlos y de protegerlos ? ¿Por qué dos niñas de trece años estaban solas (o con amiguitas de su edad) en esas fiestas? ¿Por qué sus padres lo permitían? Y si no les dieron permiso ¿por qué se fueron? ¿qué hacían los padres mientras tanto. esperar durmiendo a que llegaran? ¿con qué defensas contaban esos niños y esas niñas frente a los peligros que lógicamente les acechaban?

Dicen los africanos que hace falta toda una aldea para educar a un niño. Y nada más cierto. Si sus padres no les orientan y les muestran el camino, con amor y disciplina, si sus maestros no les
enseñan la importancia de los valores esfuerzo, dedicación, camaradería y respeto y se limitan a enseñarles un programa mínimo y a expresar miedo ante sus desplantes y groserías , si su comunidad o la sociedad en la que viven no les trasmite valores como la responsabilidad, la libertad bien entendida, el sexo responsable, la solidaridad, sino todo lo contrario ¿qué se puede esperar?

Esos niños no son culpables. Son también unas víctimas. Tanto como las dos criaturas violadas. Y como tales deben ser tratados. Y si hay algo que debe hacerse desde ya , debería empezarse por poner en el banquillo a esta sociedad enferma, desestructurada y absurda que gesta padres y madres que en su intento de producir más para saciar necesidades reales o creadas, no saben ejercer su rol y no imponen normas por temor a ser cuestionados, maestros que olvidaron que su labor es formar y se limitan a trasmitir conocimientos y comunidades contaminadas y trasmisoras de los virus del egoísmo, del desamor y el desafecto y comenzar a cambiarla. De lo contrario, sólo nos quedará recomendar: apaguen la luz y vámonos.

lunes 15 de junio de 2009

Caramba, señor caramba...


Hoy la tristeza me ronda. Se fue Otilio Galíndez. Se fue como era él: calladito y tranquilo. Sus pueblos están más tristes que nunca. Esos a los que su verbo hizo carne. Y se hace más palpable la nostalgia del verso cuando sabemos que él se ha ido para siempre...


Qué piensa la muchacha que pila y pila,

qué piensa el hombre torvo junto a la vieja,

qué dicen campanas de la capilla

en sus notas, que tristes, parecen quejas.

Y esa luna que amanece

alumbrando pueblos tristes,

qué de historias, qué de penas,

qué de lágrimas me dice...


En fin, que la tristeza está aquí, que sus canciones nos resuenan hondo, muy hondo y que un pedacito de esta Venezuela, siempre tan cercana a pesar de la distancia, se nos enrosca adentro buscando abrigo, porque toda ella estará de luto, aunque lo sigamos escuchando siempre.


Él mismo lo dijo en su canto a Víctor Jara.


"No puede borrarse el canto

con sangre del buen cantor,

tendrán que matar el viento

que dice lucha y amor.

miércoles 3 de junio de 2009

Estos son mis nietos.

Hoy quiero hablarles de mis nietos, el regalo más bello, después de mis hijos, que pude haber recibido alguna vez.

El primero se llama Andrés Octavio. Es el sirimire, la garúa. Lluvia frágil, serena, callada e inasible, que se te empoza en el alma, dejándote un sabor dulce y suave. Es certeza y rotundidad. Ternura y lejanía. Miga de pan para el gorrión. Acorde de guitarras en la noche. Mar insondable. Luz y silencios.

El segundo es el Gabo. Gabriel Armando. Es como el bosque en otoño. Sol y sombra dibujada en mil colores. Misterio, hondura y persistencia. Febril y lleno de vida por debajo de las hojas. Es espiga y hogaza de pan nuevo. Dulce y suavecito como almíbar fresco. Amanecer en el mar. Principito de mil asteroides escondidos.

El tercero es Sebastián. Es el arcoiris, luminoso y fugaz. Es cielo de verano, abierto, azul, cálido, transparente. Es lluvia intensa y refrescante. Miel y dátiles. Sinfonía inacabada. Prado verde y carretera infinita. Ensoñación y fábula. Pueblo desconocido y aventura soñada. Silbo del viento. Piedra de molino.

Y ella es Camila. Hierba fresca recién cortada. Temporal de aire puro. Aluvión de sonrisas. Vendaval desbordado. Balcón cordobés, fragante y colorido. Playa llena de niños. Sol radiante y luminoso. Notas de bossanova. Azahar y canela. Paloma zurita. Campanas al vuelo. Feria del Rocío. Ella es luz. Y lo ilumina todo.

domingo 31 de mayo de 2009

Niños rotos


En días pasados, a propósito de la noticia sobre los contínuos abusos cometidos durante años por unos curas contra numerosos niños bajo su tutela, (hoy adultos) un cardenal , algún obispo y un líder político muy vinculado a la Iglesia tuvieron la desfachatez de declarar algo así como que es mucho más repugnante el aborto que la pederastia. Y hasta se atrevieron a hablar de cifras. Para decir que cuarenta millones de niños han sido asesinados mediante el aborto. Lo que probablemente haga insignificante la existencia de unos miles de niños machacados por la perversión de algunos curas.

Ante eso, no queda mucho que decir. Tal vez preguntarse solamente si esos niños rotos en quienes se cebó la lujuria y la aberración de unos desalmados, no habrían deseado miles de veces el no haber nacido.
La verdad es que quisiera hacer abstracción de su condición de curas para opinar cualquier cosa sobre el tema, porque en verdad lo fundamental es que fueron y son pederastas. Pero no se puede. Y no se puede por varias razones: la primera, porque se aprovecharon de esa condición para maltratar a niños bajo su custodia una y otra vez. Detrás de esas sotanas se escondieron para que sus padres y las mismas criaturas confiaran en su investidura y se atormentaran creyendo que eran ellos los malos. Y bajo esas sotanas siguieron escondidos para eludir la justicia y el castigo.
Al fin y al cabo, para sus superiores, para esa jerarquía religiosa por la que cada vez siento más repulsa, la pederastia de los curas es simplemente un acto impuro. Algo repugnante por el que hay que pedir perdón. Y tal vez rezar un rosario y tres avemarías. Sólo eso. En cambio, el aborto es un crimen.
Y las que abortan, son delincuentes. Y deben ir presas. Y ser excomulgadas. Aunque algunas de ellas hayan sido unas niñas abusadas, violadas y embarazadas por un cura pervertido.

sábado 30 de mayo de 2009


Este ha sido un día particularmente bonito.
Cálido, muy veraniego a pesar de estar apenas a mitad de la primavera, luminoso y apropiado para disfrutar de la playa. De hecho, hay mucha gente allá abajo, casi toda junto al mar, pero no adentro, como suelen hacer los europeos. ¿por qué será? A los caribeños nos gusta entrar al agua, jugar con las olas, bañarnos, refrescarnos en las aguas azules y espumosas. Los europeos se ubican en la arena, toman el sol, se tuestan, a veces caminan por las orillas, pero entran poco al mar. Tal vez se deba a que el agua es más fría.
Los veo desde mi balcón, ocupándome de algunas de las cosas rutinarias de la casa mientras escucho el piano de Bill Evans. De pronto, siento necesidad de sentarme, de quedarme tranquila y miro al mar, el horizonte, los veleros moviéndose lánguidamente, aprovechando la brisa y pienso en la vida contemplativa... ¿Fue San Agustín quien habló de eso, no? supongo que no es precisamente lo que hago, pero me imagino llegando a ese estado de ánimo, abstraido, sereno, demasiado reposado. Buscando alcanzar el estado alfa, lograr la meditación trascendental. Encontrar los conceptos vida y muerte, el principio y el fin, ¡qué se yo! Y no: creo que no me llena para nada el sólo contemplar. Ni siquiera en mi interior. Prefiero ver hacia afuera y proyectarme en lo que veo. O no. Por lo pronto, sólo quiero disfrutar de la placidez de esta tarde de verano, dejándome llevar
por la suave brisa, como los veleros.

martes 26 de mayo de 2009

Un poquito más de Toulouse



Este es el Canal de Briennes de Toulouse. Es verdaderamente hermoso. Y el Puente Nuevo, con su juego de luces también merece una visita. Y la Place del Capitolio. Y sus basílicas (en una está la tumba de Tomás de Aquino, por cierto) Y sus restaurantes. Y el mercado, que es todo un espectáculo para los sentidos. Sí, es un bonito paseo. Ojalá recuperen lo que ha perdido, para disfrute de todos.

martes 5 de mayo de 2009

¡Hola! Después de varios días ausente, retomo hoy este blog para contarles que estuve en Toulousse. Es una ciudad hermosa, pero creo que me impactó mucho más la primera vez que la ví. En esta oportunidad la aprecié muy sucia y descuidada... ¿será la crisis? ¿o será un nuevo alcalde? Sin embargo, como toda ciudad francesa tiene un dejo muy chic. Esta vez se me pareció a esas señoras que otrora fueron elegantes, distinguidas, muy fashion y que se han venido a menos.

En otro momento les hablaré de ella, de su río y sus puentes iluminados, de sus restaurantes, de sus particulares tiendas y del cosmopolitismo de su ciudadanía. Es todo un abanico de razas que confluyen por las calles y ños sitios de reunión y se amalgaman y se integran, ayudados por el desparpajo y la lozanía de la gente joven, estudiantes universitarios que comparten sin prejuicios ni conflictos sus vidas, sus sueños, sus anhelos, sus luchas, sus esperanzas...